viernes, 24 de mayo de 2013

Memorias Bajo Tierra 9: Orgullo de fan



Orgullo de fan


No sé si he usado esta cita antes en esta columna, pero Freddie Mercury dijo una vez cuando le preguntaron sobre la vibra de los conciertos de rock “es como un partido de fútbol, la única diferencia es que todos aquí estamos del mismo lado”. No podría yo expresar mejor la emoción que se siente cuando se es fan de una banda, es tan similar a llevar la camiseta del equipo amado, de sufrir con ellos y verlos salir a mojarse la camiseta por el espectáculo, la gloria y el triunfo.

Esa emoción y orgullo de fanático es lo que hace a los seguidores del rock una raza única, con el rock y el metal es fuego o hielo, lo amas o lo odias, seguro habrán quienes gusten sólo de escuchar “Nothing else matters”  pero en su vida hayan escuchado “Orion” o “The four horsemen”, que digan cuanto les gusta “The men who sold the world” pero no sepan que es original de Bowie o que existen también “Papercut” o “Pennyroyal Tea”, pero a esas personas no las tomo en cuenta para esta nota, son gente que aprendió estas canciones por casualidad, no son fans.

Un fan es como aquella amiga que se enorgullecía de poder recordar, en orden, todas y cada una de las canciones de cada disco de Iron Maiden por cronología, y estaba feliz de demostrarlo, fan es aquel que sueña con ver a su banda en vivo, fíjense que digo “su” banda, porque una parte básica es el sentido de pertenencia es el sentir a aquellos como propios, como amigos, maestros, figuras importantes en la vida.

Quién de nosotros, fanáticos, mientras está reunido con los amigos, ha parado de hablar en media frase por que suena “nuestra” canción, esa que nos sabemos de memoria y que cuando comienza más vale que el mundo se detenga por que acaban de perder nuestra atención, en ese momento estamos en un trance, en una situación de entrega emocional y de los sentidos, que sólo termina con la última nota de la pieza.

No creo que seguidores de otros tipos de música puedan decir esto, estamos entre los más apasionados de todos, nuestro concepto de fanatismo, incluye hacer cualquier peripecia o pasar cualquier trance por ir a ese concierto, comprar ese disco, conseguir ese vídeo, hacernos ese tatuaje, usar esa franela, ver ese especial de tv o lo que sea.

Es que ser fan no tiene tiempo, sino recuerden sus cuadernos de bachillerato y como estaban ralladas las últimas páginas, el logo que aprendimos a hacer de memoria o la música en nuestros audífonos que nos acompaña hasta hoy, es que esa banda, ese tema, ese músico se vuelve parte imprescindible de la vida de un fan y eso no tiene precio.

Es que podrán pasar muchos años y habrán otras bandas que nos muevan y nos gusten, pero fanáticos, sólo de unas pocas, de esas de las que te aprendes la trívia y que guardas los discos con recelo, que has visto los vídeos de los conciertos deseando estar allí, de esos que parecen tener un tema apropiado para cada momento y cada situación, ese grupo del que conoces las rarezas más locas, y los datos, aparentemente, más inútiles, pero que para ti, llenan esa necesidad de contactar con ellos en un nivel mayor al de los simples mortales, no era parte de esos conformistas que gustan de una u otra canción, no amigo mío, no amiga mía, ¡Usted es un fan!

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